Daniela era una persona rara. Pareciera ser que hubiera salido de un pozo en donde se hubo mezclado identidades contradictoras, talentos desiguales, gustos variados, y finalmente se hubiera rematado todo con unas cuantas dudas existenciales encima para volverla un poco más complicada de lo que ya era, cual cereza encima de una torta con sabor indefinido. Como resultado se obtuvo algo ininteligible, una masa pegajosa apta para ser moldeada, pero no para ser comprendida cabalmente. Danielita era Danielita, incategorizable, tan diversa como controversial, tan demarcada como difusa. Era todo, pero era nada a la vez. Eso trajo consigo, lamentablemente, varios problemas. Problemas concernientes a su propia razón de ser, claro está. Siempre la veía tan preocupada a la pobre, tan preocupada de definirse a ella misma con sus propias palabras, o con cualquier artificio que surgiera en su mente de niña de 15 años. No sé cómo es que nunca se dio cuenta de cuán valiosa era ella como persona. Nunca lo supo, pero no la culpo, debí habérselo dicho cuando aún quedaba tiempo. Cuando todavía no era demasiado tarde como para que se sintiera avergonzada con la culpa.
Al parecer ella terminó aceptando ese destino juguetón que recorría la vida consigo. Sin peso, sus decisiones quizás fueron más fáciles de ejecutar. Tal vez la sonrisa que veo de vez en cuando cada vez que evoco su imagen a mi memoria no esté tan lejos de la realidad, y ella ríe conmigo sin que yo lo sepa. Quizás es algo más que una imagen la que me acompaña en estos últimos días donde ya nada importa, donde la monotonía me ha consumido y me ha postrado como a un perro viejo condenado a morir sin su fiel amo. Desearía volver a verla, tan vivaz como solo ella era. El deseo me supera, la necesidad me destruye. Su paradero al final fue tan incognoscible como el de su madre que enloqueció. No hay posibilidad alguna de salir victorioso, la derrota estaba inscrita en mi sangre de perdedor desde el principio... Incluso a veces pienso que quizás todo fue una ilusión, que haberla conocido fue algo así como un sueño. Que no hubo Daniela en mi vida, que todas esas miradas tan significativas no fueron más que pestañeos mal intepretados por un viejo ardiente de deseo y que con anhelo se aferraba a la más firme permanencia. Que todo fue una mala broma que me pegaron los años, la decadencia misma de un profesor mediocre y mal asalariado. El deseo es lo único que me queda, lo único que me acompaña y que no tiene intenciones de marcharse.
A veces creo escucharla en sueños.
Danielita
Publicado por Jerxx en 21:54

0 Comments:
Post a Comment